
Ordenando unas cajas encontré este martillo roto que había hecho mi abuelo para mi papá. Está fundido a mano y tiene las iniciales de mi viejo grabadas en el costado. Se le había roto el mango, y como siempre tuve “alma de carpintera
” , lo tallé (a puro cutter) y acá está otra vez con ganas de volver a trabajar. Tengo que emparejar la parte de arriba y buscar un tope para que no salga volando, pero ya está otra vez armado como en sus mejores épocas.








